Mientras duerme


“Acariciaba su piel para memorizar su textura. Me recostaba sobre su espalda para oler su aroma. Porque es único para mí. A veces pierdo mis dedos entre sus cabellos como buscando meterme en sus pensamientos. 

Luego, por mera curiosidad, una mano traviesa se aventura a recorrer su espalda hasta llegar a sus piernas. Lenta y suavemente le acarició. Con toda la delicadeza y el amor que puedo darle. Sigue dormido pero suspira. Mi pecho se llena de júbilo pues, he logrado que sienta mis caricias mientras duerme. Como si soñara conmigo.

Corro la cortina para que la luz de la calle ilumine su cuerpo. Quiero apreciarlo así, dormido.

Sigo acariciando su piel y suspira de nuevo. Me fascina cómo mis sentidos han memorizado cada gesto aún cuando está durmiendo. No lo beso porque temo despertarle. Pero suelo ser atrevida y darle pequeñas caricias en su espalda y cuello con mis labios. 

Luego pienso en lo inmenso que me parecía el mundo y en lo pequeño que ahora se ha convertido. Mi mundo se concentró en nosotros. Amándonos suavemente, sin prisas y recorriendo con nuestros dedos cada gesto, cada sonrisa. 

Ahora decido dejarte soñar tranquilo. Me acurruco a tu lado para sentir tu calor y que tu cuerpo sepa que también ahí estoy yo…”
-V.

-Caminando al altar-

dia_de_los_muertos_by_nadiezda-d4exagh      Caminando voy, por un rumbo sin retorno. Yo sé perfectamente que debo seguir mi senda. Una senda que fue escrita hace ya muchos ayeres. Los ruidos de la ciudad se convierten en extraños murmullos y se unen a un cúmulo de aromas que, básicamente, me hacen permanecer por este lugar. Muchas veces pienso en lo que fui y lo que quise ser en realidad. Muchas noches antes de esto, me preguntaba el sentido de la vida. Tantos días de alegrías y de penurias, tantas noches iluminadas y oscuras. Tantos placeres vanos que ya no tengo el privilegio de experimentar.

Hay un grupo de personas en cada esquina que parecen portar disfraces. Algunos vestidos de hombres ilustres y otros con simples vestidos coloniales. Mientras tanto, los transeúntes les toman fotografías para inmortalizar la osadía de esos jóvenes que salen a las calles a “provocar reacciones”. Qué locura.

Cuanto más tiempo pasa y se acerca el atardecer, algunos de los puestos callejeros se llena de abejas. Las abejas son insectos que antes, en otro momento de mi vida me asustaban. Ahora, simplemente me resultan banales, y hasta siento envidia. Probar cada sabor y aletear de flor en flor, sentir los aromas de dulce y disfrutarlos debe ser maravilloso. Me detengo un momento y me percato que no es el único puesto que hay en este lugar; cerca de unos 30 puestos más se extienden sobre un pequeño callejón del centro de la ciudad. Un mar de gente camina de manera errática. Se detienen, aceleran el paso o simplemente se quedan en medio del callejón. Los vendedores de los puestos van de variadas edades. La señora de la verruga en la barbilla con su simpática sonrisa nos ofrece panes a los que vamos por el callejón. Le agradezco la invitación pero no puedo comerlo. Sigo mi camino porque está por anochecer.

Al parecer las personas se dieron cuenta ya de lo tarde que es y hacen lo mismo que yo. La diferencia, es que llevan bolsas repletas de comida, dulces y frutas, creando una explosión suculenta de olores que me hipnotiza. Mientras yo, llevo las manos desnudas y las mismas ropas de hace tiempo atrás. Una niña que va del brazo de su madre me observa y me ofrece una florecita de cempasúchil. Yo la observo con incredulidad. Sin embargo, extiendo lenta y cuidadosamente mi mano para tomar la flor, cuando su madre de un jalón se la lleva, alegando que era muy tarde y que debían darse prisa.

Ya huele la noche, puedo olerla. Me siento diferente conforme pasan los minutos y el sol se oculta al horizonte. El color naranja siempre me ha gustado y el día de hoy ese color abunda por todos lados. La brisa acaricia mi piel, dejando una sensación de calidez indescriptible. Cada paso que doy hacia mi destino final, puedo experimentar una  sensación de paz que inunda mi cuerpo.

Me voy acercando a mi destino y puedo ver a más personas que se dirigen al mismo sitio. Algunos no se atreven a voltear quizá por timidez. Yo simplemente camino y observo lo que sucede a mí alrededor. Cruzamos la reja de entrada del lugar y vamos amontonados por un sendero de concreto. El número de caminantes aumentó. A la mitad del camino, comienzan a salir de la fila algunos y se dirigen a otros destinos. Puedo escuchar el crujir de la hierba y la tierra de sus pasos.

Cada uno decide un destino diferente, mientas tanto, Yo sigo en línea recta por ahora. Cuando llego por fin, me siento en la pequeña banca que se encuentra a un lado. Me siento y espero como cada año, a que comience la fiesta. Ya al fin es de noche y se ven las luces de todo el lugar como pequeñas chispas doradas. Rodeado de flores amarillas, naranjas y moradas, hermosa vista digna de recordar en la historia. Alguien se acerca a donde me encuentro y aunque no le reconozco sé perfectamente quién es. “Hace mucho tiempo” me dice. “Haz envejecido” le contesto. “Te echo de menos”, responde. “Yo también te echo de menos”, pienso.

De una bolsa saca una variedad maravillosa de comidas y bebidas. También una pluma y una hoja. “Lo haz recordado”, le dije al ver todo lo que me gustaba dispuesto para mí. Por un instante en mi vida me sentí un ser vivo. Nuevamente sentí que era parte de este mundo y que 20 años de haber perecido, no hacían mella en las emociones que sentía. La oportunidad más bella es estar vivo. Ahora, lo comprendo. Mientras tanto, voy a saborear ese delicioso chocolate por única vez, como cada año.

-V León

Cosas que me hacen feliz

  
 

A veces veo las nubes y les tomo fotografías. Pero me gusta más encontrar formas en ellas. En primavera vi volar muchas mariposas desde la ventana de mi cuarto. Siempre quise conocer las mariposas monarcas.

Cuando el café está listo y me sirvo en una taza, me encanta ver la espuma que hace y el olor que desprende. El olor de mi oso de peluche cuando lo abrazo para dormir. 

Ver a mi pareja dormir mientras le acaricio el cabello. El olor de la lluvia y el estruendo del trueno. Escuchar mi canción favorita una y otra vez. Comer la masa de las galletas cuando nadie me está viendo. Hacer figuras con la mezcla de hotcakes.

Platicar y platicar. Me emociono tanto que es como si el entorno se volviera de colores brillantes. Creo que hasta mis ojos brillan cuando eso pasa. Pero también me gusta escuchar. Porque dentro de mí hay un sinfín de imágenes del tema. Como si fuera una función de cine. 

Salir a caminar. Es como sentirme parte del mundo que me rodea. El color verde combinado con el azul en la naturaleza. 

Abrazar. Siento que me atraviesa el cuerpo un sentimiento de paz. Como si me pudiera abrir a otros desde mis emociones. Es libertad. 

Tocar. Las texturas son importantes porque las guardo como fotografías mentales. Conocer otros lugares. El olor a nuevo. Reventar burbujas y hacer pompas de jabón. Darle un beso en las orejas a mi gato. Usar tenis, comer queso y chocolates. 

Aprender algo nuevo cada vez. Escribir. Ver las estrellas en la noche y contemplar la luna. 

Acostarme de lado y abrazar a mi osito para dormir.

Yo aprendí a ser feliz sin dinero, sin objetos y a veces sin juguetes. 

Mi único sueño en la vida no era ser la mejor, ni la más fuerte o la más rica. Sino ser la niña, joven y adulta más feliz del mundo.

Sin título.



Me duele el corazón de no estar a tu lado.

Atraviesa cruenta la daga del olvido.

Incitando a famosos tormentos pasados,

El ferviente deseo de caer al vacío.


Hermoso y arrogante te alzas al alba,

Recordando mi oscuridad inminente.

No puedo ver lo que hay a unos pasos,

Más que el corazón que arde como llama ardiente.


Pero el frío envuelve a mi piel dormida,

Como un gran manto de tristeza creciente.

El estomago cruje de arduo deseo,

De sentirte en mis brazos, incandescente.


Triste volteo hacia mi derecha,

Veo un espacio vacío sobre nuestro lecho.

Otro día que te quedas lejos,

Y yo callada, soñando, 

Mientras mi alma te espera.


“Ya no tardes en volver a casa.”

-V

-Sombras-

  


Callada a través del cristal,

Esperando que caigan las hojas.

Solitaria mirando hacia el ave

Que volotea durante horas.


De colores se viste la sala,

Amarillos y rojos reflejos.

Sin embargo no encuentra nada

Cuando a veces se mira frente al espejo.


Cuánto quisiera no estar callada,

Cuánto desea relatar los sucesos.

Cuánto anhela un abrazo intenso,

Cuánto que el tiempo no fuera lento.


Y las sombras que atraviesan la calle,

Por la avenida se cruzan, se tocan.

Mientras las ve por la ventana,

A veces desea mezclarse con ellas.


Sombras que atraviesan la noche,

Sombras a lo lejos de la puerta.

Sombra que refleja el espejo,

Solo sombras calladas, solo sombras…


V

-Entre sábanas-

  

Reposas con tu espalda hacia mí,

Otras veces con la espalda hacia el cielo. 

Mientras respiras suave y tranquilo

Te acaricio, te abrazo, suspiro y sueño.


Otra noche de muestras de afecto,

Otra noche de besos intensos.

Otra noche de manos que aferran

Las sabanas y acarician cabellos.


Se deslizan sutiles entre montes y curvas,

Se abrazan, uniendo caminos.

Solo la noche es testigo de todo,

Y el día es, compañero de besos.


El aire se vuelve uno solo,

Para ti, para mí, para nosotros.

Tu sueño se vuelve mi sueño,

Tu despertar mi más grande tesoro.


Sostengo aquí, entre mis manos,

Un amor libre, un amor cierto.

Sostienes tú, entre tus manos,

Mi entrega total y mi amor verdadero.

V.

-Cuento para ir a la cama-

  

“Una noche fresca se asoma por la ventana de lo que ahora es su “hogar”. Entre los barrotes él mira hacia la nada. Pensando que alguien lo pudiese liberar de semejante infierno. Aún cuando quisiera romper sus cadenas, éstas ya se han encarnado en su piel como extremidades adicionales. Un cielo raso cayéndose a pedazos y un suelo sucio y mohoso. Las paredes acolchonadas se sienten como espinas en su dolido cuerpo. 


La bata que lo cubre no es mas que un harapo que se adhiere a él por el sudor y la mugre. El cabello lo tiene tan largo y grasoso que le pesa como sus problemas. Quiere salir, pero se siente avergonzado. Más avergonzado al ser consciente de que no tiene el valor para abandonar ese lúgubre lugar. Lleno de polvo, humedad y sangre. 

Descalzo se mueve unos pasos y la sensación viscoza ya no le importa. Seguramente es su propia suciedad. Las uñas amarillas y partidas muestran los primeros intentos de liberarse de aquel lugar. 

Afuera se escucha el quejido de cada una de las víctimas  de ese infierno. Les dan de comer una pasta insípida y nauseabunda. Pero lleva tanto tiempo consumiendo esa mezcla de quién sabe qué cosa que, simplemente, ha perdido el sentido del gusto. 

Los gritos del ambiente se escuchan aterradores en medio de la noche. Llegó el momento de la vigilia para él. Tiene miedo de que algún enfermero se cuele en su habitación y lo torture como otras noches. Hay cicatrices que ya tardan cada vez más en desaparecer. Las infecciones están a la orden del día y las condiciones insalubres multiplican la desdicha de cada uno de los habitantes de esa cueva del horror. Se siente desahuciado y no le importa si vive o no. Pero está seguro que todo aquel que llegaba a ese lugar, terminaba muerto. No hay rayos de sol sobre su piel, ha perdido la habilidad para hablar y sus manos inútiles por las fracturas ya no pueden escribir sobre la acolchonada pared. No hay cama y ya no recuerda la suavidad de una. El frío no es sino aquello que puede ignorar después de tanto sufrimiento…

Tampoco puede recordar su nombre…Sólo sabe que es el paciente 232.”

-Mamá pero yo solamente quería un cuento para dormir…
-“Y fue feliz para siempre, fin.” ¿Ya?
-…

-Sonidos e imágenes y sin internet-

650_1200  Ahora mismo estoy sin internet. Compartiendo este escrito con aquellos seres afortunados que se encuentran libremente frente a la pantalla de su monitor, viendo videitos graciosos de perritos brincando o chateando los chismes del barrio porque ya no quieren salir al café a platicar. Estoy escuchando música para piano para relajar estos sentimientos de desesperación que recorren mis entrañas al no poder subir una foto mía bien “nice” que acabo de capturar el día de ayer… ¡Qué tristeza!

La silla de este ciber-café es bastante cómoda. Pero no se compara con estar acostada en mi cama escuchando el cantar de los pajaritos que más tarde los gatos del barrio cazarán. Lo sé, mi vida es muy dramática…

Ya tenía mucho tiempo que no veía un monitor para escribir. Normalmente escribo todo lo que se me antoja en la pantalla del iPad. Suelo moverme mucho cuando escribo porque las palabras llegan como imágenes una tras otra y tengo que ir seleccionando cada una de ellas para ponerle las palabras adecuadas que la describan. La música ayuda pero a veces es tan bonito escucharla que todo desaparece a mi alrededor y más imágenes aparecen en mi mente como si fueran fotogramas.

Escucho algo de unas impresiones que no quedan… No puedo evitar escuchar mi entorno…

Hay tráfico cerca y escucho los motores. Trato de imaginar qué tipo de automóvil es, como si fuera un juego de imágenes mentales. A veces cuando salimos a pasear, no sé si mi marido lo note pero voy tomando fotografías mentales. Antes usaba las manos para capturar una escena del cielo que me gustaba. Almaceno imágenes cada vez que quiero y no tengo dolor de cabeza o sueño.  Cuando tengo dolor de cabeza, si me preguntan qué es lo que veo, les diría que no puedo ver nada. Todo es confuso y me saturo de tanta información que no puedo organizarla. A veces organizo mis pensamiento en recuerdos, imágenes random, imágenes de gatitos, paisajes, rostros, escenas y esas cosas. Pero cuando la cabeza me duele es como si las fotografías estuvieran volando por todos lados en todas las direcciones. No tengo más remedio que cerrar los ojos y crear una melodía que convierta la tormenta de imágenes a cámara lenta para dejar que vuelen mientras el dolor pasa. En fin.

Me gusta escribir porque para mi las letras son imágenes que proyecto a través de las letras. Ahora mismo no he parado de escribir porque quiero ver proyectada mi propia escena. Me gustan las imágenes.

En cambio el sonido es algo natural para mí. Recuerdo que podía escuchar la televisión encendida sin volumen. Era extraño escucharlo pero sabía perfectamente cuando llegaba a una casa y la televisión estaba encendida en el cuarto de alguien. Era divertido detectar sonidos y siempre lo ha sido para mí. Cuando me hicieron un examen auditivo para trabajar, recuerdo que estaba encerrada y me puse muy nerviosa dentro de ese cubículo en donde se supone no se escuchaba nada. Como tenía cerrada mi visión, entonces el interruptor de “detector de sonidos” se activó y pude resolver el ejercicio a la perfección con frecuencias muy bajas de sonido. Las podía oír y sentir. Pude escuchar la conversación de las enfermeras que estaban llevando a cabo el ejercicio:

-No ha fallado ninguna…
-Ay, cómo crees… Seguramente falla una.
-A que no, te apuesto el refresco y los tacos de guisado.
-Hecho. Pero si falla yo quiero mejor los de pibil…

En ese momento recibí una frecuencia muy baja del lado de mi oído izquierdo a la que respondí sin dudar…
-¡No chingues, pinche chamaca!

Cuando escuché eso, giré la cabeza para verlas a través de una pequeña ventana que quedaba detrás de mi. OBVIAMENTE la que dijo eso se fue a esconder o algo porque en las siguientes pruebas ya no la vi.

El examen visual fue súper sencillo. Ya tenía problemas para ver las letras del examen de la vista (no recuerdo el nombre), así que mientras la doctora estaba escribiendo en la computadora los datos que yo entregase el día anterior, yo estaba memorizando las letras en mi cabeza. Foto, foto, foto y foto… Esas eran mis indicaciones. Algunas veces, cuando estoy muy estresada no lo logro tan fácil. Bueno… Me sentí mal porque me parecía que estaba haciendo trampa…

No soy mucho de estar pegada a la computadora a menos que quiera escribir o trabajar. Para mi carrera de diseño, al hacer bocetos para un negocio necesitaba un ambiente que escuchar. Una animación que quedó en un “proyecto baúl”  ya tenía lista su melodía pues, antes de comenzar la historia, vinieron a  mi imágenes y sonidos. El sonido de un piano con una melodía suave, muy corta y triste y luego se formó el personaje como humo, al cual le dí forma a través de las letras que escribía sobre el mismo. En este momento estoy un poco aburrida porque ya no veo variedad de colores. Solo letreros en verde y una hoja de lista de precios. Si estuviera diseñando, podría pasarme horas trabajando y escuchando música y levantándome del asiento a cada instante…

La compu de al lado está vacía de nuevo. Pero ahora, habemos 4 personas sin contar a quien atiende el local. Lo único que detesto es que mis audífonos tienen una falla en el lado izquierdo y me estresa no escuchar bien. Bueno…

Ahora sí me despido y espero muy pronto seguir publicando poemas. Han sido dos días fantásticos para mí aunque lo único “triste” es no poderlos compartir al momento.

-V 

-Ella-


 

 

       “Ella lo ama, como ama al viento. Caminando de la mano, se siente completa. Cada instante es un acto de amor, en el que se esmera por expresar su emoción de tenerle al lado suyo. Cada noche, debajo de las sábanas, busca su calor para abrigarse del frío primaveral que envuelve su habitación. Ella llora a veces de alegría. Desea despertar para mirar sus ojos y su sonrisa. Desea que el día nunca se acabe para seguir contemplándolo a sus anchas. Lo ama, lo desea a diario. Desea sentir sus brazos rodeándola todas las noches. Que nunca terminen y duren para siempre. Lo extraña. Extraña su cuerpo a un lado suyo; la tersura de su piel. Ella desea que sepa todo esto. Ella desea que pueda ver sus sentimientos. Ella lo ama y no tiene miedo de sentir todo esto. Ella espera cada noche para contemplar su sueño. Para entregarle caricias y besos tiernos para verle dormir. Espera caminar de la mano. Espera el abrazo y el beso profundo. Desea amarlo con todo su ser. Así ama ella. Así lo ama a él…”

-V.